(Recop.) Justo Fernández López
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Vgl.: |
Reflexiv / Cuasi-refleja / Passiv / Medialkonstruktionen / Voz Media |
„Verbo pronominal es el que exige
obligatoriamente un pronombre personal como complemento, como los verbos
reflexivos, recíprocos, etc.“
[Cardona, G. R.: Diccionario de lingüística, p. 228]
●
"Verbo pronominal
Se da este nombre
al verbo que se conjuga con el pronombre reflexivo. Así, matarse, en la frase cayó a
la calle y se mató (frente a se mató
con un cuchillo). Este tipo de verbo, tan abundante en español (caerse, herirse, callarse, etc.), parece haber heredado la función de la voz media. A.
Bello llama a estos verbos cuasi-reflejos."
[Lázaro Carreter,
F., Diccionario de términos filológicos, p. 336-337]
●
“Verbo pronominal
Tipo de verbo que
requiere un pronombre para realizarse en un enunciado aun
cuando no tenga significado reflexivo; p. e. quejarse, atreverse.”
[ANAYA. Diccionario
de lingüística. Madrid: Anaya, 1986, p. 299]
●
“Verbo pronominal
Verbo pronominal es el que se construye obligatoriamente con un
pronombre. Hay verbos exclusivamente pronominales (arrepentirse, fugarse). Otros adoptan determinados matices significativos
o expresivos en las formas reflexivas (caerse,
morirse, lavarse, frente a caer,
morir, lavar). (La Terminología
no recoge la expresión “verbo reflexivo”, término más tradicional pero menos
exacto).”
[Alonso Marcos,
A.: Glosario de la terminología
gramatical. Unificada por el MEC. Madrid: Magisterio Español, 1986, p. 158]
●
„Pronominal
Se llama voz pronominal en español a los verbos
que se construyen en todas sus formas con pronombres reflexivos de igual
persona que el sujeto del verbo (Él se
arrepiente / Nosotros nos arrepentimos). En general, los verbos
pronominales del español corresponden a los verbos
medio del indoeuropeo (el sujeto y el agente, que pueden ser distintos, ejercen sobre sí mismos una acción en su beneficio o en su
provecho, pudiendo no tener complemento directo como los intransitivos).
Se distinguen varios grupos de verbos pronominales o varios empleos de la voz
pronominal:
a) Los reflexivos internos o
pronominales propiamente dichos, a los que Bello
llamaba cuasi-reflexivos, que
corresponden a verbos intransitivos (sin objeto directo) y cuya forma activa
correspondiente tiene un sentido diferente (o no existe): levantarse, lanzarse,
etc. Un grupo importante lo constituyen los verbos de emoción o sentimiento: arrepentirse, espantarse, avergonzarse,
etc.
Hay que añadir un grupo con
características propias constituido por los intransitivos de movimiento que
admiten el empleo del pronombre reflexivo, en ocasiones con valor incoativo: irse, venirse, marcharse, etc.
b) Los verbos reflexivos propiamente dichos y los recíprocos,
en los que el complemento del verbo, idéntico al sujeto de la oración activa,
se sustituye por un pronombre reflexivo singular o plural: Pablo lava a Pablo > Pablo
se lava; Pedro y Pablo pegan a Pedro y Pablo > Pedro y Pablo se pegan. El verbo tiene el mismo sentido cuando
aparece bajo la forma pronominal y cuando no se acompaña del pronombre
reflexivo.
c) Los reflexivos indirectos o reflexivos de interés: presentan un complemento directo distinto del
pronombre reflexivo: Cómete este pastel.
Se bebió dos litros de vino, etc.
d) La pasiva refleja: construcción reflexiva con
sentido pasivo: Se vende fruta, Se
construyen muchas casas en esta ciudad, etc.“
[Dubois y o.: Diccionario de lingüística, p. 503]
●
„Llamamos „verbos conjugados pronominalmente“, „formas pronominales del verbo“ o „fórmula pronominal“ a aquellos verbos o formas
verbales acompañados de un pronombre me,
te, se, nos, os de la misma persona que la desinencia verbal, en las mismas
condiciones combinatorias que los otros morfemas (afijos) verbales. A nuestro
juicio las construcciones en las que se
está en lugar de le delante de lo(s) / la(s) no deben tenerse en cuenta, ya que se trata de un mero
accidente fonético: Cuando alguien se los
disputa, repugna al feudal acudir ante un tribunal.
Un verbo
conjugado pronominalmente puede construirse de tres maneras distintas: con
regente solo, únicamente con régimen directo, o sin regente ni régimen. Veremos
más adelante que la construcción en la que aparecen a la vez un regente y un
régimen solo en apariencia es una fórmula pronominal.
Cuando
no hay régimen se encuentran tanto verbos transitivos como intransitivos. Estas construcciones no alcanzan la
misma frecuencia.
A diferencia de
las otras formas verbales, las formas pronominales del verbo en tercera persona
plantean problemas distintos que en otras personas, o cuando menos los plantean
con otra intensidad, debido a la existencia de construcciones e
interpretaciones que les son propias. Por esta razón se impone, por un lado,
estudiar separadamente las formas de la 3a persona y las de 1a
y 2a, y, por otro, reunirlas todas para su examen común.“
[Kock, Josse de;
Gómez Molina, Carmen: Gramática española:
Enseñanza e investigación, II: Gramática: Las formas pronominales del verbo y
la pasiva. Salamanca: Universidad, 1990, p. 8-9]
●
«Hay verbos que obligatoriamente van acompañados de un
incremento personal que alude a la misma persona propia del sujeto
gramatical:
Me jacto.
Te quejas.
Se arrepiente.
Nos vanagloriamos.
Os atrevéis.
Se suicidan.
Se conocen como verbos pronominales. Cuando la
noción léxica de estos verbos requiere una especificación con término
adyacente, este funciona como objeto preposicional.
Si su referencia es consabida, queda representado por un sustantivo personal
átono provisto de la misma preposición:
Se ha arrepentido Juan de su mala acción.
(= Se ha arrepentido de ello.)
Te quejas de su indolencia.
Me jacto de mi constancia, etc.
Otros verbos
pueden ir o no provistos de incremento reflexivo. Pero la presencia de este (me,
te, se, nos, os, se, según la persona y el número) altera más o menos el
sentido a que se refiere la raíz verbal. Si esta requiere especificación, el
adyacente funciona sin reflexivo como objeto directo y con reflexivo como
objeto preposicional:
Las tropas ocuparon la ciudad
(sin se y con objeto directo)
frente a
Los concejales se ocupan de la ciudad
(con se y con objeto preposicional).
Por fin han acordado el convenio
frente a
Por fin se han acordado del convenio.
Estos chicos preocupan a sus padres
frente a
Esos chicos se preocupan de sus padres.»
[Alarcos Llorach,
Emilio: Gramática de la lengua española. Madrid: Espasa-Calpe, 1994, § 276]
●
«Los verbos pronominales que van siempre
incrementados por una unidad átona reflexiva, admiten como adyacente un objeto
preposicional:
Me arrepiento de mis pecados,
Te jactas de tus conquistas,
Se ensaña con sus enemigos,
Nos abstenemos de bebidas alcohólicas,
No os dignáis a saludarnos,
Se obstinan en su proyecto.
Se observa que la
persona del incremento reflexivo concuerda por necesidad con la que funciona
como sujeto morfológico.
Otros verbos
capaces de aparecer con objeto directo pueden también adoptar un incremento
reflexivo, y en este caso, su adyacente ha de ser, como con los verbos
pronominales, un objeto preposicional; cotéjense los ejemplos de la izquierda
con objeto directo y los de la derecha con incremento reflexivo y objeto
preposicional:
|
El ejército ocupó la ciudad. (= La ocupó). |
El alcalde se ocupó de la ciudad . (= Se ocupó de ella). |
|
Acogió su propuesta. |
Se acogió a su propuesta. |
|
¿Habéis acordado el día? |
¿Os habéis acordado del día? |
|
Entiendes a la vecina. |
Te endientes con la vecina. |
|
He fijado los plazos. |
Me he fijado los plazos. |
|
Decidimos la compra. |
Nos decidimos por la compra. |
[Alarcos Llorach,
Emilio: Gramática de la lengua española. Madrid: Espasa-Calpe, 1994, §
342]
●
Verbos
intransitivos con incremento personal de la serie reflexiva
«Algunos verbos,
que normalmente no se emplean con adyacente de objeto directo (los llamados
intransitivos), se construyen a veces con incremento personal de la serie
reflexiva, es decir, que designan la misma persona que funciona como sujeto
gramatical. Alternan ambas posibilidades:
Voy a casa <> Me voy a casa
¿Duermes? <> ¿Te duermes?
Está quieto <> Se está quieto
Salimos del teatro <> Nos salimos del teatro
Volvisteis temprano <> Os volvisteis temprano
Todos morían de hambre <> Todos se morían de hambre
No siempre son
sinónimas las referencias en cada pareja. La aparición del incremento modifica,
como en los casos anteriores, en mayor o menor grado, lo que se significa.
Naturalmente el incremento de tercera persona de singular es forzoso cuando se
elimina la mención del actor, con lo cual los enunciados correspondientes se
convierten en impersonales. Estos reflexivos intransitivos alternan en la
secuencia con construcciones de pasiva refleja:
En aquellas horas tempranas no se oía el menor
ruido.
Si se echaba la mirada a su interior se veía
constantemente una mujer gorda. Si a esta mujer se la preguntaba algo,
contestaba con voz muy chillona. Se seguía adelante. Se pasaba dentro de la
casa.
El tal oficio, le disgustaba, porque en el teatro
adonde iba no se moría nadie en la escena, ni salía gente de luto, ni se
lloraba.
Con ciertos
verbos aparecen incrementos átonos que jamás se refieren a sustantivos
eludidos. Verbo e incremento constituyen unidad funcional y semántica, como en
los verbos pronominales (Me abstengo de circunloquios, Te arrepientes de tus
palabras, etc.) y es vano discutir si son objetos directos o indirectos.
Igual ocurre cuando esos incrementos se agregan a verbos intransitivos
concordando también con la persona sujeto:
Me estaba quieto (Estaba quieto).
Te vas de viaje (Vas de viaje).
Se murió tranquilamente (Murió tranquilamente).
Nos salimos del teatro (Salimos del teatro).
No os anduvisteis con tiento (No anduvisteis con tiento).
Se vinieron con nosotros (Vinieron con nosotros).
Estos incrementos
personales no representan a ninguna unidad eludida, son simple repercusión
expresiva de la persona sujeto, y su presencia matiza diversamente la noción
manifestada por el verbo.»
[Alarcos Llorach,
Emilio: Gramática de la lengua española. Madrid: Espasa-Calpe, 1994, §
277 y 352]
●
„Cuasi-refleja
Así llama A.
Bello a la oración «en que la reflexividad no pasa de lo material de la forma,
ni ofrece al espíritu más que una sombra débil y oscura»: Yo me alegro, tú te irritas, ella se enfada. Incluye en la
construcción cuasi-refleja la pasiva refleja.”
[Lázaro Carreter,
F., Diccionario de términos filológicos,
p. 123-124]
●
“Construcción cuasi-refleja
Con esta denominación,
introducida por Andrés Bello en las gramáticas del español, se hace referencia
a las oraciones que, si bien no tienen un sentido inequívocamente reflexivo, se asemejan a las oraciones reflexivas («Ana se ha maquillado esta mañana») por
presentar junto al verbo una forma pronominal átona de tipo reflexivo o
reflejo; esto es, un pronombre átono (me,
te, os, nos, etc.) que coincide en los rasgos de persona con el sujeto,
cuando éste se halla presente en el esquema de la oración («Vosotros os preocupáis por nada»), y
que, en tercera persona, adopta la forma específicamente reflexiva o refleja se: «El
niño ya se ha dormido».
El término
abarca, pues, a todas las construcciones pronominales
de carácter no reflexivo: medias
o anticausativas («La pobre mujer se emocionó al recibir el ramo»), pasivo-reflejas («Se registraron todas las habitaciones»), impersonales-reflejas («Se
come muy bien en este restaurante»), así como oraciones constituidas por un
verbo pronominal: «Este chico se queja de todo».”
[Alcaraz, Varó,
Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario
de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 143]
●
“Construccion pronominal
Con la denominación ‘construcción pronominal’ se alude, generalmente, a
oraciones como las que se incluyen en los siguientes enunciados: «Yo no me
arrepiento de nada», «Las modelos se maquillas cuidadosamente», «Las flores se
han marchitado», «Tú te asustas enseguida», «Se vive muy bien aquí».
El rasgo
sintáctico que comparten todas ellas, el que justifica el hecho de que se
denominen ‘construcciones pronominales’, consiste en la presencia, junto al
verbo, de una forma pronominal átona (me,
te, se), un clítico de carácter reflejo que, como tal, concuerda en los
rasgos de persona con el sujeto, en caso de que éste se halle presente en el
esquema oracional («Tú te asustas», «Yo no me arrepiento»), y adopta la forma específicamente refleja se cuando el clítico que requiere la
construcción es el correspondiente a la tercera persona: «Las flores se han marchitado», «Las modelos se maquillan cuidadosamente», «Se vive muy bien aquí».
Aunque coinciden
en ese rasgo común, las ‘construcciones pronominales’
constituyen, no obstante, un conjunto heterogéneo de esquemas oracionales en el
que habitualmente se diferencian varias clases: Cf oración reflexiva, media,
pasivo-refleja, impersonal refleja, verbo pronominal.”
[Alcaraz, Varó,
Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario
de lingüística moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 134]
●
«Verbo pronominal.
Se consideran
‘pronominales’ los verbos que, como es el caso de jactarse, arrepentirse,
vanagloriarse, repantingarse, se utilizan invariablemente
con una forma personal átona de tipo reflexivo o reflejo (me, te, se,
etc.), concordante en los rasgos de persona con el sujeto de la oración: “Yo
me arrepiento de haberle ayudado”, “El vecino se repantingó en la
butaca delante del televisor”, “Te vanaglorias excesivamente de tus
habilidades”.»
[Alcaraz Varó,
Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística
moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 593]
●
«La voz media:
Se conjuga como
los verbos pronominales, con dos pronombres personales, el uno como sujeto y el
otro como complemento, o también con un nombre y su correspondiente pronombre: YO
ME alegro. LA NIÑA SE arrepiente.
Los griegos
conservaron con más fidelidad que los latinos esta voz del indoeuropeo. La
forma medio-pasiva les sugería dos modalidades significativas: Desato para
mí y Soy desatado. La nota distintiva de la voz media es el interés
por el sujeto. De otro modo algunos gramáticos explican este fenómeno por el
llamado dativo de interés o dativo ético.
Los latinos, en
sus formas deponentes, dijeron nascor (nacerse), morior (morirse)
y orior (originarse), formas medias por el interés o participación que
muestran por el sujeto. ¿Cómo aparece nascor en español para que puede
llegar a nacerse? Esta voz pudiera llamarse también afectiva, y
es que hay algo afectivo en esta evolución verbal. Nascor (nacerse) es
medio o deponente, porque en español es presentarse en la vida (voz media).
Desde el periodo de la fecundación o gestación o vida intrauterina, el embrión
o feto, en el código y en la moral cristiana, es sujeto de derechos. Se
defiende esa vida desde el punto de vista jurídico y cristiano. Dos ejemplos
claros: Por el techo de esa gruta sale agua (sin interés). Por el
caño de mi casa se sale el agua (con interés personal o de voz media;
porque tengo que comprar otro o arreglarlo o estar sin servirme de él; es
reflexivo no impersonal: el sujeto eres tú, el dueño).
La explicación
por el dativo ético es sencilla. Con él se expresa que el sujeto, más
que recibir indirectamente la acción, es partícipe de su actividad, la cual se
produce dentro de él o en relación con él: SE queda en casa todo el día.
Siempre NOS viene con disculpas. Cuando decimos: SE ME murió
mi madre, no añadimos un informe nuevo al asunto; expresamos sencillamente
nuestra intervención afectiva en el hecho.
Los
verbos pronominales que forman la voz media son reflexivos de forma, pero no de
sentido. No hay en ellos acción que recaiga sobre el mismo sujeto:
Me voy; se murió. Cae la acción de un modo
afectivo y por eso son medios.
A estos verbos
pronominales pertenecen, sobre todo, los que significan vida interior y los de movimiento. Indican afecto (avergonzarse, serenarse, enojarse, burlarse, alegrarse,
etc.), voluntad (empeñarse en, decidirse
por, revolverse a, etc.), memoria y
olvido (acordarse, olvidarse), saber incierto (imaginarse, suponerse,
barruntarse, figurarse). Se incluyen en los de vida interior los
que llevan complemento de interés: ME temo
que sea ya tarde. Ese me temo es como decir: Temo para mí que ...
En los
pronominales entran también los verbos de movimiento
de forma transitiva (enderezar algo, precipitar a alguien)
o intransitiva (subir, salir), pero
siempre con el pronombre reflexivo: irse, marcharse, venirse, salirse,
subirse, bajarse, encogerse, moverse, ponerse, precipitarse, escaparse, morirse,
etc.
Algunos admiten
el complemento de interés: ME subí la cuesta; ME torcí un pie.»
[Alonso, Martín: Evolución
sintáctica del español. Madrid: Aguilar, 1964, seg. edic., p. 414-415]
●
Medialidad
y pasiva refleja
«Que la pasiva refleja
permite ocultar el agente, y da al sujeto paciente una cierta participación en
la acción, ha sido señalado varias veces. En las lenguas de diátesis
morfológica indiscutible, como el griego, esta función, y su significación
correspondiente, se expresaba por la voz media. El español,
que no tiene ni siquiera una pasiva sintética, no tiene tampoco, en su
morfología, una forma para expresar ese matiz de medialidad; ello no impide
que, cuando es necesario, pueda expresarse de algún modo. Por ello conservamos
la larga cita de nuestro maestro, Américo Castro 1, que puede
tomarse como modelo de un análisis diacrónico de una noción gramatical
(y no sólo semántica):
La pasiva refleja
comienza ya en latín. Hubo, por lo visto, en esta lengua gran resistencia por
parte del pueblo a usar la pasiva, lo mismo que hoy acontece en español. Así,
p. ej., dice Plauto: “quae me amat, quam contra amo”, utilizando el giro
directo en lugar del pasivo, “uxor me amat et amatur a me”.
Esto se debió en
latín a la misma causa que en español: a que nos ha interesado mucho más la
actividad de un agente que la receptividad del paciente (...).
Consiguientemente,
cuando el latín se abandonó al uso espontáneo del pueblo, las construcciones
pasivas desaparecieron (amatur, moneor, etc.), y la función que
desempeñaban estas palabras fue expresada por otros giros que no es del caso
analizar sino en lo que atañe a la tercera persona. En efecto, cuando se
expresaba que un objeto era receptor de una actividad (esto sólo podía
acontecer en la tercera persona), muchas veces no se decía de quién procedía
aquélla: littera scribitur, „la carta es escrita“; hoc dicitur,
„esto es dicho“, pero sin expresar quién escribe o quién dice. En este momento
sucedió un cambio fundamental, motivado por lo que decíamos antes de la
resistencia con que el pueblo empleó la pasiva, y, además, por el carácter
impersonal que acabaron por adquirir esas frases. La conciencia popular buscó,
a pesar de todo, un sujeto a quien referir la acción del verbo, y dijo littera
se scribit, hoc se dicit, „la carta se escribe“ y „esto se dice“, y
convirtió así en sujeto gramatical lo que has entonces objetivamente había sido
y seguiría siendo complemento directo; y fue-ron asimiladas estas
construcciones a las reflexivas del tipo „él se lava“ suponiendo que los
objetos son capaces de la misma actividad que las personas. (El mismo fenómeno
psíquico se produce cuando se dice ‘el libro pone tal cosa’).
Así pues, la
pasiva refleja fue producida por un deseo de vitalizar las cosas, y únicamente
el análisis descubre el carácter pasivo, dando una explicación psicológica a
lo que lógica y objetivamente no la tiene (...).
En español tales
construcciones se emplean sin trabas cuando se trata de objetos y se prorroga
así el uso del latín vulgar: “se cierra la puerta”, “se miran los cuadros”, y,
conforme a su origen, la concordancia del verbo con el sujeto gramatical es de
rigor. Con personas llegó a producirse alguna dificultad. Si decimos „se miran
los soldados“, puede haber ambigüedad, pues no sabemos entonces si los soldados
se miran entre sí o si alguien los está mirando. Para obviar ese
inconveniente, desde el siglo XV se usa la preposición a para indicar
que la persona es el término de la acción del verbo, y no el sujeto. Es
decir, al movimiento mental algo confuso que creó aquella construcción, sucede
ahora una reacción de análisis y claridad. De ello resultan frases del tipo “se
consulta a los médicos”, en la que ya se ha roto la concordancia, puesto que a
hace sentir gramaticalmente que “los médicos” no es el sujeto; pero en cambio
queda ahí el se como apéndice extraño, y que sin embargo no puede
suprimirse. ¿Cuál es la función de ese acusativo fósil? Únicamente indica el
carácter impersonal de la oración, lo mismo que en “se mira el cuadro”.
Gramaticalmente no se puede expresar quién mira; y como sucede en esos casos,
surge en seguida la noción de alguien no expresado, vago e impersonal, que
realiza la actividad del verbo. Recuérdese el carácter impersonal que tenían en
latín dicitur, legitur, etc.
En estas
oraciones de complemento de persona precedido de a es directo o
indirecto, según la naturaleza del verbo; en “se mira a los soldados” es
directo; y en “se paga a los acreedores”, indirecto. Pero aunque sea así, al
reproducir estos complementos por un pronombre, este pronombre es siempre le,
les, en regiones y en escritores que no emplean lo, la, para el
dativo: “se le consulta”, “se les paga”. Cuervo piensa con acierto que en esta
combinación se le - en que se es gramatical e históricamente
acusativo -, le ha recibido la función de dativo para separarse más
claramente de las combinaciones “se lo dio”, “se la dio”, en que se es
dativo de persona y lo, la, acusativos de cosa, y también para evitar la
reunión de dos acusativos, como habría acontecido si se hubiese dicho “se los
consulta a los médicos”. Me parece, además, que este uso de se le, fue
favorecido por los casos en que el pronombre reproducía el régimen de un verbo
que pedía dativo, como en “se paga a los acreedores”. Cuando al verbo sigue un
complemento directo de cosa, y otro indirecto de persona: “se da dinero a los
pobres”, al emplear un pronombre reproductivo, éste no podía ser sino les:
“se les debe dinero”. Estos casos han influido sobre cuestiones de tipo “se
consulta a los médicos” = “se les consulta”. No me parece, pues, que se puede
decir en absoluto, como Hanssen (Gramática Histórica, 513) que sea
indirecto todo complemento con a del verbo en pasiva refleja; él cita
“se invoca a los santos”. Es decir, que aun cuando en “se les invoca” les
sea dativo, por analogía, lo mismo que en “se les paga”, eso no impide que en
“se paga al acreedor” el complemento sea indirecto, y en “se ve al amigo” sea
directo. Una delicada complicación de estas construcciones.
La analogía, que
con tanta fuerza gobierna el lenguaje, ha ampliado las posibilidades de estas
construcciones. El sentido primitivo, que aspiraba a indicar que una cosa
realizaba la acción, ha ido esfumándose, y ha predominado el significado
impersonal de la acción. De ahí que el verbo pueda estar solo: “se canta”, “se
vive”; o modificado por un adverbio: “se come bien”; o recibir un predicado con
valor adverbial: “se lucha seguro”.
Como se ve en
todos esos ejemplos y sus análogos, el progreso que ha realizado nuestra
construcción ha consistido en que el verbo ha pasado a ser impersonal (y como
tal puede estar solo) o ser modificado por un adverbio o por un predicado que
haga su oficio. A veces el se ha llegado a despertar plenamente la
noción de un sujeto, a pesar de lo cual no se suelen usar aquí verbos
predicativos, sobre todo ser y estar, meros vehículos para
predicar determinaciones de un sujeto. No se debe decir: “se está contento en
mi familia”, “se era agradable”, cuando nos proponemos dar a la oración un
sentido de pasiva refleja e impersonal, y eso sencillamente porque no hay
sujeto claro a quien referir tales predicados.
No obstante, a
veces se oye y se lee: “se está conforme”, “se es simpático”, etc. Aquí se
trata de una influencia francesa, cuyas oraciones con on influyen
inconscientemente. (Sin embargo, en la época clásica se ha escrito: ‘asno se es
de la cuna a la mortaja’, ‘siempre se es el mesmo en su ánimo’. Pero es difícil
decidir si el uso moderno continúa el antiguo en este caso o si se trata sólo
de galicismo. Probablemente ambas cosas). Como en la mayoría de los casos
coinciden ambas construcciones, y se puede traducir on mange bien por
“se come bien”, modernamente se traduce analógica e indebidamente on est
d’accord por “se está conforme”. Pero esto no debería decirse: en francés on
es un verdadero sujeto, reducción de la palabra homo, y en cambio se,
como hemos visto, es muy otra cosa. En español antiguo, hasta el siglo XVI,
hubo una construcción análoga a la francesa formada con hombre; se
decía: “como hombre se viste”, “hombre va hacia el río”, correspondiendo
exactamente hombres al francés on y al alemán man; pero de
ello sólo queda rastro en algún dialecto. Hoy en esos casos empleamos uno
(con limitaciones, sin embargo). Quién sabe, empero, si logrará el uso
generalizar las oraciones del tipo “se está contento”.
Hay otra
incorrección que se está desarrollando modernamente, aun entre grandes
escritores, de carácter bastante desagradable, y que consiste en poner el verbo
en singular cuando la cosa que siga esté en plural; p. ej.: “se lee libros”.
Entre el vulgo de Hispanoamérica se oye a menudo: “se vende patatas”, etc.
La explicación de
este giro creo que es ésta: en “se llama a los amigos” se ha visto un caso de
complemento de persona con preposición, y cuando el complemento es de cosa, se
han limitado a suprimir la a, juzgando que se trata de la alternancia
“veo a Pedro”, “veo el libro”. Miguel de Unamuno escribe: “Hácese bastones; ya
que no de papel, de cartulina.”
El mismo giro se encuentra
en Benavente y en otros excelentes escritores. Pero es muy de lamentar que tal
vulgarismo se aclimate. Precisamente en las frases del tipo “se leen libros”,
se conserva pura la primitiva construcción románica, prolongación de la voz
media, voz que el indo-germánico había poseído, y para la que el latín no tuvo
ya órgano morfológico; la conciencia popular siente aún en España la
concordancia en estos casos; ¿por qué, pues, introducir esas horribles
oraciones de la clase de “se encuentra vagabundos”, “se lee estas frases”?
[Marcos Marín,
Francisco: Curso de gramática española. Madrid: Cincel, 1980, p. 289 ss.]
_____________
1 Castro, Américo: La enseñanza del español.
Madrid: V. Suárez, 1922, p. 40 ss.]
●
„Cuando el verbo
conjugado pronominalmente es un verbo intransitivo, por naturaleza o por estar
así empleado en el ejemplo examinado, no puede construirse con un régimen y el
grupo nominal que lo acompaña sólo puede ser regente. A la dificultad de
definir la intransitividad en sí, enumerar los verbos intransitivos o decidir
cuándo se trata de un verbo empleado intransitivamente, se añade la de saber si
la ausencia de régimen directo, o la imposibilidad de que lo haya, se debe a la
naturaleza eventualmente intransitiva del verbo o a su conjugación pronominal.
Como contrapartida, esta situación –ambigüedad o coincidencia– explica cómo y
por qué muchos verbos intransitivos pueden conjugarse
tanto pronominalmente como no sin consecuencia alguna: intransitividad
y conjugación pronominal tienen en común construirse sin régimen directo o
no mencionar al actante paciente mediante tal función gramatical.
Los verbos que no
se construyen prácticamente nunca con régimen –los verbos intransitivos por
naturaleza–, pueden conjugarse pronominalmente, –aunque no sea casi nunca con
la misma frecuencia–, sin que de ello resulte una inversión del sentido
actancial como es el caso con los verbos transitivos.
Hay pueblos que se quedan por siempre en
este estadio elemental.
Algunos verbos,
siempre intransitivos, no aparecen sino conjugados pronominalmente, en el corpus
o incluso en un estadio de lengua. Antojarse y adueñarse sólo se
conjugan pronominalmente, atener es anticuado y referir es muy
poco frecuente frente a referirse. Se trata de usos fijados
fortuitamente sin más repercusiones gramaticales o interpretativas.“
[Kock, Josse de;
Gómez Molina, Carmen: Gramática española: Enseñanza e investigación, II:
Gramática: Las formas pronominales del verbo y la pasiva. Salamanca:
Universidad, 1990, p. 16]
●
„A falta de inversión
actancial se han atribuido a las formas pronominales de los verbos
intransitivos diversos matices aspectuales. En nuestra opinión distan
éstos mucho de ser evidentes, se prestan difícilmente a ser demostrados y en la
mayoría de los casos se deben más al contexto, a las circunstancias o incluso a
interpretaciones preconcebidas.
Al no haber
oposición con otro actante con verbos intransitivos, el papel actancial del que
está presente no siempre puede definirse con claridad, o bien es indenible. La
acción supone la contribución o el aval del actante mencionado, sin que haya un
sentido reflexivo.“
[Kock, Josse de;
Gómez Molina, Carmen: Gramática española: Enseñanza e investigación, II:
Gramática: Las formas pronominales del verbo y la pasiva. Salamanca: Universidad,
1990, p. 16-17]
●
„La multiplicidad
de los términos para designar las construcciones pronominales y sus
significados, así como su ambigüedad testimonian de la dificultad de definir la
correspondencia entre la gramática y el mundo referido. Es manifiesto que las
categorías y las funciones gramaticales al uso son insuficientes para expresar
de manera inequívoca la variedad y complejidad de la realidad, tanto objetiva
como subjetiva, y se evidencia que las clases y las relaciones semánticas o lógicas
derivadas de tal realidad o concebidas mentalmente, son ineptas para dar cuenta
total del funcionamiento gramatical. Esta incompatibilidad o desajuste entre
clases o relaciones gramaticales y semánticas, patente en el análisis y que,
por otro lado, el uso variable revela, no es óbice de la pertinencia de cada
una de ellas separadamente por su lado. Comoquiera que en toda comunicación
lingüística, con excepción de los fenómenos de redundancia entre sistemas de
comunicación, el mensaje, sea cual fuere, debe plegarse al código gramatical
para poder transmitirse, no es descabellado examinar el contenido a favor del
código. Como tampoco lo es que en un estudio lingüístico las categorías y la
construcción gramatical prevalezcan sobre las clases y el sistema de relaciones
semánticas.
Si se admite que «agente»
y «paciente» («objeto»), por separado o asociados, a la vez que «pasivo», «reflexivo»
(«recíproco»), y «medio» constituyen clases y relaciones
semánticas que pueden ser expresadas mediante las formas pronominales de verbos
transitivos e intransitivos, puede verse que, salvo un caso escasísimo, la
construcción con complemento de agente, todas las interpretaciones tienen en
común dos rasgos semánticos: se refieren a un solo actante directamente
implicado en la acción expresada por el verbo y se trata siempre del paciente
(objeto). [...]
Todas las
interpretaciones aluden a un actante único: no cabe otra posibilidad en la interpretación media que excluye un segundo
actante al ser la autosuficiencia del actante mencionado su característica
principal: el proceso le atañe a él solo y no reclama a ningún otro para
realizarse. En la interpretación reflexiva (recíproca) agente y paciente no
forman sino el mismo actante. La fórmula pronominal de sentido pasivo se
destaca de la fórmula adjetiva por no mencionar sino muy excepcionalmente al
agente de la acción expresada por el verbo.
Al faltar el
segundo actante, o sea una oposición actancial, se debilita la orientación
actancial. Esto da lugar a que los significados identificados pueden expresarse
mediante la misma fórmula y que más de un ejemplo pueda ser interpretado de
diversos modos: pasivo o reflexivo, pasivo o medio, medio o reflexivo.
Si se atribuye
una interpretación media a los verbos
intransitivos – siempre y cuando sea posible distinguir sin lugar a
dudas entre transitivos e intransitivos – y si se admite que los ejemplos de
verbo transitivo son pasivos con regente inanimado y reflexivos o recíprocos
con regente animado, salvo si esta interpretación pudiera parecer absurda, se
puede establecer el siguiente cuadro.
Esquemáticamente,
el campo actancial abarcado podría representarse de la manera siguiente:
|
|
Según L.
Tesnière, empleamos «actante», «actancia» y «actancial» para referirnos a las
personas, cosas y nociones designadas y a las relaciones que puedan existir
entre ellas en la realidad.
Ponemos
en guardia contra toda interpretación abusiva de este esquema. No puede ser la
representación exacta de la realidad lingüística, ni cubrirla en toda su
complejidad. Numerosos factores que se manifiestan en variadas ocasiones,
léxicas y semánticas, perturban su simetría. Omitimos el señalar numerosas
implicaciones; no es evidente que el mismo esquema pueda servir con arreglo a
otros puntos de vista. El presente esquema pretende solamente representar
visualmente el lugar de la fórmula pronominal en la expresión verbal de la
actancia. Otras representaciones gráficas son posibles.
Se puede tratar
de representar todas las construcciones e interpretaciones posibles mediante un
solo verbo y los mismos lexemas, agente o paciente:
los
chóferes paran los coches
los
chóferes paran
los
coches paran
los
chóferes se paran
los
coches se paran
los
chóferes se paran
los
coches son parados
los
coches se paran
se para a los coches
se los (les) para
los
coches son parados por los chóferes
los
coches se paran por los chóferes
En el esquema las
diversas fórmulas actanciales de la actancia directa se alinean sobre una
recta. Las fórmulas completas (dos actantes expresados) se encuentran en los
laterales derecho e izquierdo, las fórmulas incompletas (un actante expresado)
se encuentran en la parte interior.
La fluctuación
actancial de la fórmula pronominal se manifiesta en este esquema: cubre toda el
área pasiva, permite la combinación de los sentidos pasivo y activo en una sola
expresión (interpretación reflexiva y recíproca) y llega a penetrar en el área
activa (verbos intransitivos). Sin embargo, no sirve para la expresión de una
actividad acabada. La fórmula pronominal comparte esta ambigüedad con la
fórmula intransitiva, que aparece a la vez en el área activa y pasiva, aunque
sea con lexemas (verbales y/o nominales) diferentes.“
[Kock, Josse de;
Gómez Molina, Carmen: Gramática española: Enseñanza e investigación, II:
Gramática: Las formas pronominales del verbo y la pasiva. Salamanca:
Universidad, 1990, p. 24-27]
●
Guillermo Rojo: Breve historia de las Gramáticas
de 1771 y 1796
«Dado lo que sabemos acerca del largo período de gestación de la obra y la
existencia de un gran número de disertaciones de orientación diversa, la
primera hipótesis que surge es, naturalmente, la de considerar que no se da
nombre a esa parte precisamente para evitar tomar decisiones en un tema con
respecto al cual probablemente había divisiones entre los académicos, línea en
la que parece moverse Sarmiento (1984: 48-49). Sin embargo, en los casos de
conflicto, conceptual o simplemente terminológico, el texto académico tiende
habitualmente a extenderse en la exposición del problema y la justificación de
la solución adoptada, como sucede con el número de partes de la oración,
aludido en el prólogo, o en lo que puede verse acerca de los verbos llamados reflexivos o recíprocos:
Tras señalar que "el verbo se divide en activo, neutro, y
recíproco", el texto de 1771 se introduce en una interesante discusión
acerca de las implicaciones del uso de cada término en la que, salvo en la
solución final, muestra una postura muy acorde con lo que podríamos decir en la
actualidad: "Recíprocos, o
reflexivos llaman á los verbos,
cuya significación no solo no pasa á otra cosa, sino que retrocede por medio de
algún pronombre personal, a la que da acción o movimiento al verbo, como: amañarse,
arrepentirse, abroquelarse [...]. Estos verbos que nunca se usan sin
pronombres personales, no debieran llamarse recíprocos, ni reflexivos, sino pronominales. Recíprocos serían los que por
sí solos expresasen la acción reciproca entre dos, ó mas personas, como si en
esta oración: ámanse los hombres, se pudiese entender sin ambigüedad de
sentido, que los hombres se aman unos á otros [...]. Reflexivos serían aquellos verbos que significasen la acción
de dos agentes, de los cuales el uno fuese solamente móvil de ella, y el otro
la recibiese, y al punto la rechazase, ó despidiese de sí [...]. No siendo,
pues, estos verbos ni recíprocos, ni reflexivos, debiera aplicárseles otra
denominación, y ninguna les convendría mas que la de pronominales, porque no pueden usarse sin
pronombres.
No obstante estas razones ha prevalecido el uso de llamarlos recíprocos; y
entendido así no hay inconveniente en usar de esta denominación, pues por
verbos recíprocos entenderemos lo mismo que por verbos pronominales" (GRAE-1771:
58-61).»
[Guillermo Rojo: "El lugar de la Sintaxis en las primeras Gramáticas
de la Academia", en: RAE – Publicaciones
– Discursos de ingreso]
●
«En las oraciones de verbo reflexivo,
el sujeto es a la vez agente y paciente. En la oración Yo me lavo, el
pronombre me es complemento directo del verbo lavo. En Yo me
lavo las manos, el complemento directo es las manos, y me es
complemento indirecto. Por esto las oraciones de verbo reflexivo suelen
llamarse directas o indirectas según que el pronombre átono
ejerza en ellas la función de uno u otro complemento: Luisa se ha peinado,
es reflexiva directa. Luisa se ha puesto un sombrero, es indirecta.
Los ejemplos anteriores representan el tipo reflexivo puro o primario, porque
la acción vuelve de un modo u otro sobre el sujeto que la realiza. Pero con los
verbos causativos el sujeto no es
propiamente agente, sino que interviene o influye en la acción que otro
ejecuta: Tú te haces un traje; Me construí una casa, indican únicamente
que el sujeto encarga, ordena o costea la acción, sin que él la realice por sí
mismo.
De un modo análogo la reflexión del acto puede
atenuarse de tal manera que los pronombres no sean ya complemento
directo o indirecto, sino que indiquen, con más o menos vaguedad, una participación, relación o interés en la acción
producida.
Las gradaciones que atenúan y aun llegan a borrar el carácter reflexivo
primario del pronombre son muy numerosas y frecuentes. Van desde los llamados dativos éticos y de
interés (Ella se tomó el café; Se le hundió el mundo; No te
me vayas), hasta las expresiones con verbos intransitivos, que se llaman seudorreflejas por sentirse ya muy
distantes del significado propiamente dicho, como: Me voy; Nos
estamos en casa; Mi vecino se ha muerto; Me salí del despacho. En estos
ejemplos, el leve matiz de percepción o participación,
que el pronombre denota, distingue con claridad estas oraciones de las activas
o de estado que se obtendrían suprimiendo el pronombre: Voy; Estamos en casa;
Mi vecino ha muerto; Salí del despacho.
En ciertos casos se llega a tal distancia del
sentido reflexivo, que para dar a entender que el agua sale de la
bañera o la lluvia atraviesa el tejado, decimos que La bañera se sale o El
tejado se llueve.
Hay verbos que actualmente no admiten más formas de expresión que la pronominal. Tales son arrepentirse,
atreverse, quejarse, jactarse.
El Diccionario de la Real Academia Española califica como pronominal a todo verbo o acepción que se
construya en todas sus formas con pronombres reflexivos. “Hay verbos
exclusivamente pronominales, como arrepentirse. Otros adoptan
determinados matices significativos o expresivos en las formas reflexivas: caerse,
morirse, frente a las formas no reflexivas: caer, morir”. La calificación
de reflexivos, que el mismo Diccionario aplicaba antes uniformemente a
estos verbos, no era propia para todos estos matices significativos o
expresivos. En cambio, la de pronominal, aunque
atiende únicamente a la forma, abarca los significados reflexivos y los que no
lo son.
En el habla corriente y popular existe fuerte tendencia a construir como
pronominales muchos verbos, transitivos e intransitivos, que no suelen usarse
así en el habla culta y literaria: Ya se murió, frente a Ya murió.
En los novelistas hispanoamericanos hallamos abundantes ejemplos que reproducen
el lenguaje coloquialn de los medios populares: Enseguida se regresó a la
Casa Grande (R. Gallegos, Pobre negro: El Santo más allá del
límite); ¿Y si nos juyéramos de aquí? )F. L. Urquizo, Tropa vieja:
Los montados; Veo a su hija en peligro, y solo se me ocurre gritarle que no
se robe las nueces (J. Lezama Lima, Paradiso, cap. III).»
[RAE: Esbozo de una nueva gramática de la lengua española. Madrid:
Espasa-Calpe, 1977, § 3.5.4, pp. 379-381]
●
«Verbos pronominales:
Los verbos pronominales
son los que se conjugan obligatoriamente con el pronombre personal átono. Éste
es un mero componente del verbo (algunos gramáticos lo llaman morfema del
verbo), pues aparece totalmente desfuncionalizado, es decir, no desempeña
función nominal alguna de complemento verbal. Hay verbos pronominales propiamente dichos, que son aquellos que no
presentan una forma sin pronombre, como apropiarse (no existe apropiar),
quejarse (no existe quejar), arrepentirse (no existe arrepentir),
etc. Otros verbos pronominales coexisten al lado de
verbos que presentan el mismo lexema pero que se conjugan sin el pronombre.
Los hay que presentan un carácter intransitivo
en cualquiera de las dos formas (con y sin pronombre), y los hay que son transitivos en la forma no pronominal y se
“intransitivizan” en la forma pronominal. Tanto en un caso como en otro, se da
lugar a oposiciones semánticas, gramaticales o estilísticas importantes entre
la forma con pronombre y la forma sin pronombre, es decir, entre el verbo
pronominal y el no pronominal. Veamos:
morirse (pron. intrans.) / morir (no pron. intrans.)
marcharse (pron. intrans.) / marchar (no pron. intrans.)
quedarse (pron. intrans.) / quedar (no pron. intrans.)
retirarse (pron. intrans.) / retirar (no pron. intrans.)
dormirse (pron. intrans.) / dormir (no pron. intrans.)
levantarse (pron. intrans.) / levantar (no pron. intrans.)
Por último,
existen también verbos pronominales con dos pronombres obligados. Son olvidársele
(a uno algo), antojársele (a uno algo), acurrírsele (a uno algo)
...
se me olvidó la cartera
se me antojó un pastel
(No hay que
confundir el verbo olvidarse (algo a alguien) con olvidarse (de
algo o de alguien) ni con olvidar (algo): sus regímenes gramaticales son
diferentes).
Cuando el
pronombre personal átono desempeña función de objeto directo o indirecto, con
valor reflexivo, no debe hablarse de verbo pronominal:
Juan se lavó.
Juan se puso el abrigo.
En estos casos se
trata de los verbos lavar y poner y no de lavarse y ponerse,
pues los pronombres correspondiente actúan como objeto directo en el primer
caso y objeto indirecto en el segundo. Funcionalmente son estructuras
equivalentes a las de
Juan lavó a Juan.
Juan puso el abrigo a Juan.»
[Gómez Torrego,
L.: Manual de español correcto. 2 vols. Madrid: Arco/Libros, 1991, pp.
89-90]
●
«El término 'oraciones pronominales' se ha utilizado en la
tradición gramatical española para designar oraciones en las que el sintagma
verbal aparece incrementado con un pronombre átono reflexivo. Se trata de una
definición de carácter formal puesto que, desde el punto de vista del
significado, incluye tanto oraciones pronominales con sentido puramente
reflexivo (p. ej. con lavarse) como otras de carácter pseudo-reflexivo
(p. ej. con desmayarse) y las oraciones como
Se pasaron los trabajos a ordenador. [pasiva]
Se agasajó a los invitados. [impersonal]
Por aquí se llega a Madrid. [impersonal]
Estas manchas no se quitan con nada. [media]
que en ningún
modo se pueden interpretar como reflexivas.»
[Mendikoetxea,
Amaya: “Construcciones con se: medias, pasivas e impersonales”. En:
Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la
lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, vol.
2, p. 1635, Anm. 2]
●
«Las gramáticas
del español engloban, con frecuencia, las oraciones que aquí denominamos pasivas con se dentro de las construcciones medias, en cuanto que en una
oración pasiva con se el sujeto se ve afectado. Al hablar de
construcciones medias en relación a las oraciones con se es necesario,
sin embargo, distinguir entre medias y pasivas (y medias e impersonales).
Asimismo es conveniente separar las ‘oraciones medias con se’ del resto
de las oraciones que satisfacen la definición de oración
media en un sentido amplio (oraciones
pronominales) en las que el sujeto es
‘afectado’: reflexivas, pseudo-reflexivas, etc.). Existe un tipo de
oraciones medias que comparten una serie de características formales y
nocionales con las oraciones pasivas e impersonales con se: sólo se
pueden construir con se, quedando excluidos los pronombres de primera y
segunda persona, y tienen un sujeto nocional implícito. Se trata de
construcciones como
Esta camisa se leva muy bien con lejía.
Las luces reflectantes se ven fácilmente.
Los trabajos escritos a máquina se leen más
deprisa.
Estos ejemplos
muestran oraciones medias con se,
con características similares a las de las pasivas con se: ambas tienen
sujetos inanimados de tercera persona y ambas implican la intervención de un
agente (causa o experimentante). Existen, sin embargo, diferencias
fundamentales entre las oraciones medias con se y las oraciones pasivas
con se.»
[Mendikoetxea,
Amaya: “Construcciones con se: medias, pasivas e impersonales”. En:
Bosque, Ignacio / Demonte, Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la
lengua española. Madrid: Real Academia Española / Espasa Calpe. 1999, vol.
2, pp. 1040-1041]
●
«voz media
Se dice
tradicionalmente que están en voz media las oraciones cuyo sujeto designa la
entidad a la que afecta el proceso denotado por el verbo, sin que exista o se
presuponga un agente externo que origine dicho proceso, como El barco se
hundió o María se ahogó. En ellas se indica, simplemente, que al
sujeto «le ocurre» algo y normalmente se construyen
con un verbo en forma pronominal.»
[Real Academia
Española: Diccionario Panhispánico de Dudas. Madrid: Santillana, 2005,
p. 772]
●
«Régimen preposicional con verbos pronominales
Los verbos
‘pronominales’, es decir, los incrementados con un clítico reflexivo no
conmutable por otro no reflexivo muestran una notable tendencia a exigir, en
mayor o menor grado, sintagmas preposicionales que con frecuencia llegan a
constituirse en ‘régimen’. En unos casos ese complemento preposicional coincide
con el que puede, o debe, aparecer con el verbo en forma no pronominal, sumado
por lo general al objeto directo:
dedicar su vida a algo > dedicarse a algo,
convencer a alguien de algo > convencerse de
algo
(el clítico
sería, pues, el recuerdo de ese objeto); es habitual que en esta situación se
produzca una alternancia de tipo ‘causativo’ entre las dos formas del verbo, de
modo que la forma pronominal venga a ser el miembro ‘estativo’ o ‘medio’
correspondiente al ‘activo’ no pronominal:
alejar a alguien de un lugar > alejarse de un
lugar,
confundir una cosa con otra > confundirse una
cosa con otra,
distinguir una cosa de otra > distinguirse una
cosa de otra.
Pero en muchos
otros el régimen del verbo pronominal no reproduce ninguno de la forma sin
reflexivo, haya proximidad de sentido entre ambas: (olvidar algo/olvidarse
de algo), o no la haya: acordar algo/acordarse de algo (aquí habría
que incluir los verbos sólo utilizados en forma pronominal: arrepentirse,
jactarse, etc.). En esta última situación se encuentran algunos verbos
pronominales de ‘emoción’, en los que la forma pronominal con régimen (y
sentido ‘medio’) se opone a la forma transitiva directa cuyo sujeto corresponde
al régimen preposicional de la pronominal:
Me alegro de verte > El verte me alegra.»
[Cano Aguilar,
Rafael: “Los complementos de régimen verbal”. En: Bosque, Ignacio / Demonte,
Violeta (eds.): Gramática descriptiva de la lengua española. Madrid:
Real Academia Española / Espasa Calpe, 1999, § 29.5]
●
«Complemento de régimen preposicional con verbos
pronominales
Muchos
complementos de régimen preposicional se construyen con los llamados verbos
pronominales, o verbos que llevan ligado a ellos un morfema verbal que no
cumple ninguna función sintáctica:
arrepentirse (de), avergonzarse
(de), apoderarse (de), percatarse (de), negarse (a),
apresurarse (a), empeñarse (en), batirse (con), etc.
La forma
pronominal es morfema verbal. Siempre coincide en persona con el sujeto; si se
sustituye por otra no coincidente, la oración es agramatical:
Pedro se arrepintió de su conducta. / *Pedro te
arrepintió de tu conducta.
Yo me avergüenzo de ello. / *Yo os
avergüenzo de ello.
Se apoderaron del territorio. / *Me
apoderaron de él.
Cuando admite
sustitución por otra forma pronominal de diferente persona de la del sujeto, sí
suele considerarse pronombre y analizarse como CD:
Se convenció de las ventajas del producto.
La / os / te / nos / los...
convenció de las ventajas del producto.
Se defendió del agresor.
Me / te / lo / nos... defendió
del agresor.»
[Gómez Manzano,
Pilar / Cuesta Martínez, Paloma / García-Page Sánchez, Mario / Estévez
Rodríguez, Ángeles: Ejercicios de gramática y de expresión. Con nociones
teóricas. Madrid: Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, 2006, p. 111]